miércoles, 28 de abril de 2010

ENTRE BORRACHOS, COTORROS, PACOS, TIROS Y LACRIMÓGENAS.

Pues sip. Vengo a relatarles la crónica cotidiana de un dia en Caracas. Como ya todos imaginan, todas las palabras del título de este nuevo post seguramente estan relacionadas con la cotidianeidad del venezolano. En el caso particular que hoy nos ocupa, se trata de la esperada crónica del último partido del Caracas FC jugando de local en la Copa Libertadores.

Como les conté hace unas tres semanas, un pana de Caro (A.K.A. “El Mijitico”) me supo joder sin conocerme, cuando se le ocurrio invitarla a UN juego del Caracas FC en la Copa Libertadores… No he podido deshacerme de UN solo juego desde entonces… (Que carajo estabas pensando Hector?!? jajajaja)

Así que el 13/04/10 volvimos al Olímpico. Para mi regocijo, me encontré un estadio VACIO!!! :D, en comparación con los juegos anteriores. Vislumbré entonces que, afortunadamente, es mejor ir a ver estos juegos cuando ya los panas estos no tienen chance ni salir de Caracas. El fanático, el verdadero, el que lleva al equipo en la sangre y en el corazón, el que lo da el todo por el todo, DEBE estar solo en las buenas!!!!... y comprende que precisamente asi, nos deja a las personas como yo que no le gusta un "cojeculo" poder distraernos un rato, comodos en la soledad del estadio, durante las malas. (AQUI BORRE UN POCO DE PAJA LOCA SOBRE LA DESCRIPCION DE UN "HINCHA" o FANATICO... soy el menos indicado para dar un sermón sobre esto... jejeje). El equipo se es, se siente, se vive, se llora, se grita, y punto.... a menos que sea malazo... alli a uno como que le da pajita!

Pero ahí estábamos nosotros. Nuevamente en nuestros puestos VIP: En el medio de la mitad del centro mismo del campo, última fila de gradas, con la bandera de Venezuela y el obscuro y nublado cielo caraqueño sobre nuestras cabezas, listos para recibir las fulanas esquirlas de los detonantes de las que tanto he hablado... y que seguramente venían por alli... cuando uno menos lo espera!... Y estaban también los cotorros, los chilenos mazoquistas, separados de nosotros por un chiste de paneles de madera cuya función nadie conocía y que, precisamente, ni de verga iban a mantener la distancia entre la barra de “los de abajo” y la barra de “los delincuentes rojos”.

Y entonces sucedió lo que todo el mundo sabía que iba a suceder... menos los pendejos de seguridad... y Caro: Colocar una barrera entre fanáticos no los separa, los une más. Porque nace entonces el incontenible y criollo sentimiento/necesidad que caracteriza a los Venezolanos de mas baja cepa de romper la barrera, tirarla al piso y aprovecharse de que obviamente son mayoria para hacerle sentir a los otros, a los visitantes, a los pobres pendejos que solo estaban apoyando a su mocho de equipo, que ése es nuestro terreno, nuestro campo, nuestro equipo, y nosotros mandamos ahí; cual batalla territorial de simios en NatGeo... (me encantaría verlos si los chilenos hubiesen sido mas... seguramente les hubiesen brindado las birras... típico...) Desde un principio no me pareció graciosa la situación; y cuando el "fanatismo" se volvió delincuencia organizada y vandalismo... pues, ME SENTI EN MI PAIS!!!! Una cosa es “meterle miedo” a los visitantes y otra muy distinta destruir tu propio estadio y caer en una cotidiana, característica, infundida e infundada violencia.

Cualquier vaina que inicia de esta manera VA a empeorar. Fuimos entonces testigos de un enfrentamiento violento entre fanaticos de ambos bandos y pacos.

El partido tuvo que ser paralizado, y al poder despegar los ojos del balón pudimos observar cómo fuera del Estadio se libraba una batalla campal entre pacos y fanáticos, que se prolongó por una media hora. Precisamente ellos, los que promueven un discurso de violencia e intolerancia son los primeros que pierden la calma y la compostura en el más básico de los terrenos, el de juego, cuando no saben ser buenos perdedores y más aún, buenos fanáticos. Hay victorias y hay derrotas en todos los campos de la vida, y hay que saber aceptarlas, con la frente en alto, la mente fría y el corazón en calma.

El equipo no dio la talla esa noche... nuevamente. La fanaticada, mucho menos.

Aún así, sigo apoyando a mi equipo, y cada vez siento un poquito más, que eventualmente llegarán lejos. Jueguen bien, jueguen mal o sigan jugando pésimo.

P.S.: Seguramente mi gorda seguirá con el empepe ese de seguir yendo a todos esos juegos a pesar de que esa noche comprobó mi tesis, tal como dice la canción, que la Barra Caraquista está efectivamente integrada por una cuerda de borrachos, vagos y delincuentes... incluso habiendo demostrado que las esquirlas de los fuegos artificales estuvieron a punto, de verguita de partirnos la cabeza y/o sacarnos un ojo. Yo, por mi parte... me tripie mi vaina sin gente alrededor. Una vez mas, ratifico que mi vida era cómoda y tranquila... hasta que el Mijitico me jodió! ;)

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